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"Si dentro de cien años solo soy recordado como el hombre que creó a Sherlock Holmes..."

A pesar de que Arthur Conan Doyle dijo «si dentro de cien años solo soy recordado como el hombre que creó a Sherlock Holmes, mi vida habrá sido un tremendo fracaso», el personaje lo ha eclipsado por completo y ha pasado a la historia como el autor de las aventuras del detective más famoso de la literatura universal.

22-05-2021

Arthur Conan Doyle nació en Edimburgo (Escocia) el 22 de mayo de 1859, hijo de una familia intelectual y numerosa. Su padre, Charles Doyle, era un caricaturista de periódicos y revistas; de su tío abuelo, Michael Conan, también ilustrador gráfico, tomó el apellido. Por su parte, su madre le inculcó su gusto por la literatura y la música. En su infancia estudió en un colegio de jesuitas, donde adquirió una notable formación humanística. En 1876 inició Medicina en la Universidad de Edimburgo, graduándose como médico naval en 1881 y ya empezó a escribir relatos cortos para los periódicos. En 1882 se trasladó a Portsmouth y abrió una clínica, pero no tuvo suerte, por lo que siguió escribiendo cuentos. Finalmente fue contratado como médico en dos barcos pesqueros, que faenaban en el Ártico y en Sudáfrica, lo que le permitió satisfacer su gusto por los viajes. Enfermó y tuvo que regresar a Inglaterra, instalándose como médico en Londres. Con esfuerzo salió adelante y se casó con Louise Hawkins en 1885.

No obstante, su profesión no le alcanzaba para llevar una casa, por lo que empezó a pensar en escribir una novela policiaca, género que estaba de moda. Así surgió Estudio en escarlata, con la que nace Sherlock Holmes y que se publicó en la Navidad de 1887, en el anuario Beeton’s Christmas Annual, pues ningún editor se interesó por ella. Fue la editorial Lippincott’s de Pensilvania, en Estados Unidos, la que se sintió atraída por el detective e inmediatamente le pidió que escribiera otra novela sobre el mismo, que él hizo en 1890: El signo de los cuatro. A partir de aquí Sherlock Holmes era lanzado a la fama. A los dos años, la revista The Strand Magazine, en la que él había publicado sus relatos de juventud, se interesa por el personaje y le encarga más novelas cortas. Así surgen dos colecciones de doce cuentos, que se publican uno cada mes: Las aventuras de Sherlock Holmes (1892) y Las memorias de Sherlock Holmes (1893). Conan Doyle abandona la medicina para dedicarse por entero a la literatura.

Tras veintiséis novelas dedicadas al personaje, el autor estaba cansado de él, máxime cuando ninguna de sus otras obras era valorada. En efecto, a él le gustaba la novela histórica y de hecho se había iniciado en ella, Micah Clarke, en 1889, siguiendo con La guerra de los bóers (1900), que es su obra más extensa, basada en su experiencia directa como médico en Sudáfrica y en la que defiende a la corona británica frente a los colonos de origen holandés, lo que le valió ser nombrado Caballero del Imperio en 1902, con el título de sir. También se acercó a la política, presentándose como diputado por el partido liberal de Edimburgo, aunque no fue votado. Igualmente realizó una importante labor periodística, como cronista político y social, apoyando causas candentes en su época, como la ley del divorcio, el movimiento sufragista, al capitán del Titanic o el papel de Gran Bretaña en la Primera Guerra Mundial.

Como vamos diciendo, Conan Doyle pretende acabar con Sherlock Holmes en su novelita «El problema final», incluida en Las Memorias de Sherlock Holmes, pero el público no lo aceptó y no tuvo más remedio que resucitarlo en «La casa vacía», incluida en El regreso de Sherlock Holmes (1903). En este mismo año escribe la que se considera la más exitosa de sus novelas: El perro de los Baskerville, otra vez con Holmes de protagonista.

En 1906 muere su esposa Louise de tuberculosis. Con ella había viajado en 1893 a Meiringen, en los Alpes suizos. Allí aprovecha para practicar un deporte entonces novedoso, el esquí. Y es esta localidad la que elige como tumba de su personaje. Un año más tarde, en 1907, vuelve a casarse con Jean Leckie, su amor platónico durante los últimos años de vida de su esposa. Era mezzosoprano, atractiva, culta y una amazona consumada. De ambas tuvo cinco hijos.

En 1912 se publica El mundo perdido, novela de ciencia ficción y terror, con un protagonista que se repetiría en otras varias novelas, el profesor Challenger.

Conan Doyle fue uno de los primeros ingleses en comprarse un automóvil en su país, y estando en Hamburgo para participar en una carrera oyó que se preparaba una guerra inminente. En efecto, la guerra estalló en 1914. Quiso incorporarse como voluntario, pero con cincuenta y cinco años no se lo permitieron. Entonces comenzó a escribir en los periódicos y a dar conferencias sobre ella, animando a los jóvenes a alistarse, de todo lo cual saldría su obra La campaña británica en Francia y Flandes (1916-1920), en seis volúmenes. Su hijo mayor, Kingsley, muere de una neumonía contraída en la guerra y eso le lleva a acercarse al espiritismo, animado por el mago Houdini. De esta experiencia surge el libro Historia del espiritismo (1926).

En 1915 publica su última novela larga con Sherlock Holmes, El valle del terror. En 1917 sale Su último saludo, con relatos que abarcan desde 1908. Con ella tiene la intención de retirar definitivamente a su detective de la labor policiaca, trasladándolo al campo a criar abejas; pero otra vez vuelve a reponerlo en El archivo de Sherlock Holmes, publicado entre 1921 y 1927, con doce nuevas aventuras, alguna de las cuales dejó inacabada. Por último, debemos aludir a su autobiografía, Memorias y aventuras (1924). Con todo, nos han quedado sin citar muchas más novelas, poemas y teatro.

Otra experiencia importante en la vida del autor es su viaje a Estados Unidos, en 1923, invitado por la Universidad de Utah para dar una conferencia sobre espiritismo.

Conan Doyle murió el 7 de julio de 1930 de un ataque cardiaco. Está enterrado bajo una sencilla cruz de piedra, en el cementerio de la iglesia de Minstead, New Forest, Hampshire. Terminó así la vida de un hombre polifacético y prolífico al que es cierto que su personaje le hizo sombra, pero ese nombre siempre habrá de ir unido al de su creador.

(Texto de Lourdes Íñiguez del apéndice de Los mejores casos de Sherlock Holmes).

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